Radioheadicción


Radioheadicción

El blog de una radioheadicta

Rememorando el paso de Radiohead por Chile

domingo, mayo 10, 2009
Ha pasado ya más de un mes de la llegada de Radiohead al aeropuerto de Pudahuel y de los dos conciertos que ofreció en Chile. Pero no por eso no escribiré acerca de los días 25, 26 y 27 de marzo, los que no está demás decir, marcaron un antes y un después en los eventos musicales masivos en Chile.

Pero más que eso, el que los cinco de Oxford hayan visitado por primera vez mi país y el que los haya podido escuchar y ver en vivo y en directo, significa que mis oídos ya no volvieron a ser los mismos de antes: ahora son más exigentes que nunca.

Si mi memoria no falla, creo que los rumores sobre la eventual llegada de Radiohead a América Latina venían surgiendo desde principios de la presente década. Pequeñas notas en diarios y sitios en internet, y hasta comentarios vagos de algunos de los integrantes del grupo hacían suponer que los autores de The Bends estaban cada vez más decididos a hacernos una visita.

Sin embargo, el hecho no se concretó hasta el 2008, cuando un periódico mexicano confirmó lo ansiado: que Thom Yorke y sus compas pisarían suelo azteca en marzo del año próximo. Un par de días después, Chile se convirtió en el segundo país latino confirmado dentro de la gira de In Rainbows. Más tarde, se sumaron otras fechas, en Argentina y Brasil.

La espera por adquirir las entradas fue un chiste, puesto que ya al día siguiente de la buena nueva, la productora encargada de traer a la banda las puso a la venta. Así de eficientes.

Cómo olvidar las más de dos horas que esperé con nervios para comprar mi ahora invaluable ticket. Cuando por fin lo tenía en mis manos, no contuve ningún sentimiento groupie y le conté a medio mundo lo feliz que estaba por haberlo conseguido.

Eso fue en noviembre del 2008, y constituiría el primer sacrificio que haría por los cabezas. Luego vendrían otros.

Noviembre y diciembre fueron para mí agotadores, y no fue precisamente por hacer la interminable fila para comprar la entrada. Fue más bien por los estudios, porque ya estaba cansada de sobreexplotar mis neuronas. Y no es que mi carrera requiera de mucho esfuerzo mental —estudio Periodismo—, pero es que estaba realmente desconcertada por mi enfoque dentro de ella. En otras palabras, estaba pasando por una crisis vocacional que se había originado en septiembre, luego de haber aprobado con mediocridad unos ramos que estaban muy lejos de ser de mi agrado.

Sé que el párrafo anterior no cobraría sentido para el fanático de Radiohead que empezó a leer este texto sólo porque el título le causó intriga, pero entiendan que para mí sí es coherente con el arribo a Santiago de Chile de estos impredecibles músicos. Al menos, a nivel personal. Ahora les explico por qué.

Resulta que estaba tan mal anímicamente —disconforme con lo que estaba estudiando, lejos de mi familia, viviendo en una casa donde no me sentía cómoda y con una rutina en una ciudad de mierda— que parecía que nada podía sanarme emocionalmente. Y aunque las noticias en internet siempre me daban nauseas por lo desesperanzadoras que eran, una de ellas fue la excepción a la regla. ¿Es necesario que diga cuál fue? Demasiado obvio como para entrar en detalles.

Ya, si sé que dirán que soy una ilusa porque pienso que los de Radiohead son unos superhéroes al sacarme de ese abismo y de ese escenario tan denso, pero no es que lo piense precisamente así. Más bien, fue una noticia —y meses después, un hecho— que me llenó de alegría y me sedó ante malos sentimientos y malas experiencias. Así que mi yo mental me dijo: “Piensa que si sigues estudiando el próximo año esa carrera que tanto detestas, y te aguantas un tiempo más en Santiasco, podrás cumplir el sueño de tu vida, así que no seas débil”. Fue la primera vez que deseé no irme de Santiago.

Mi yo mental tenía toda la razón, porque si volvía a mi casa y les decía a mis cordiales auspiciadores —mis padres— que no quería seguir estudiando, ni en mis más tiernos sueños me dejarían ir a Radiohead. Me hubiesen mandado a la cresta.

Noviembre y diciembre pasaron lentamente, pero no me pude desconectar nunca de la U. Y como no me quería martirizar más —a veces exagero con ciertas palabras—, volví en cuanto pude a mi hogar, dulce hogar.

Después de un verano muy lindo y familiar en el Litoral Central, volví a Santiago, pero con mucho mejor ánimo del que imaginé. Eran mediados de marzo y veía cada vez con más ansias la cuenta regresiva que puse en mi página de inicio de internet. Asimismo, me enteraba de cada detalle que los asistentes a los shows en México, Argentina y Brasil difundían acerca de lo sorprendentes y magistrales que eran Radiohead arriba del escenario.

Y llegó el primer gran día: el miércoles 25 dUna foto que le tomé a Thom cuando llegó al aeropuertoe marzo de 2009. Ese día, hice mi segundo sacrificio por Radiohead. Lo que hice fue tomar un bus cuyo pasaje me costó casi la totalidad de mi presupuesto mensual —recuerden que a veces exagero con algunas ideas— y llegué, como por arte de magia, al aeropuerto internacional Arturo Merino Benítez. La tercera hazaña fue engrupirme a los “miembros oficiales de la comunidad de Radiohead Chile” —siempre me había preguntado de qué sirve pertenecer a un grupo “oficial” de fans, y fue ese día que descubrí su única utilidad— y asegurarles que siempre me metía al foro del fanclub y que era la usuaria “X”. Sólo diciéndoles esa mentirilla blanca mi sueño de ver a la banda llegar en su avión privado sería posible. Y así fue.

Les cuento el resto de la historia en un próximo post.

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No entenderías nada de lo que escribí

martes, febrero 17, 2009
El otro día soñé contigo, y me pregunté si eras tú en mis sueños o tú en mi vida. Y aunque por un momento imaginé, casi con seguridad, que me hablabas en un día de febrero, en un país del Hemisferio Sur y con tu mirada esencialmente tímida, al final me di cuenta de que no eran ni tu voz, ni tu boca, ni tus ojos. Mi inusual felicidad te delató.

Todo era tan incoherentemente lindo.

Mis oídos nunca habían escuchado con especial agrado. Tu voz me llegó hasta los huesos. No, miento: no fue tu voz, sino tu forma de hablar, como la de un niño en sus ratos de juego, o la mía cuando intento esconder mis nervios. Si hay algo que recuerdo hasta con detalles tontos e irrelevantes, es la manera en que conjugabas tu boca con tus manos. ¡A la perfección! O si no, ¿cómo se explica que me desvirtuara de tu discurso? De cuando en cuando, el fugaz movimiento de tus dedos me remontaba a tus canciones en el piano, y si inútilmente trataba de volver a las palabras que formaban tus labios, una vez más volaba, en un instante, hacia los acordes en tus nodillos.

Creo que cuando me dijiste que tenías algo que confesarme, desperté súbitamente, entre sobresalto y decepción.

En alguna conversación trivial mencionaste que no te gustaba soñar. Pues bien, eso significa que no entenderías nada de lo que acabo de escribir.

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Dante Gobet

martes, diciembre 23, 2008
Una noche, después de mucho freír hamburguesas, Dante Gobet atinó a escribir:

No soy músico, ni cantante ni artista. Sin embargo, mi vida está atestada de música. De hecho, a ésta la interpreto como una banda sonora. Es como si cada momento de mi vida tuviera una canción.

Algunos podrán decir que soy una de aquellas personas melómanas que pecan de obsesivas, pero no me considero un amante de la música. O sea, en cierto modo lo soy pero, pensando fríamente, soy un amante infiel y promiscuo, pues escucho esto, pero también aquello. No me importa si son de The Beatles o de Led Zeppelín, ni tampoco si son en inglés, francés o castellano. Las canciones las integro a mi vida de manera que constituya un elemento tan vital como el agua con el que me hidrato, o el oxígeno con el que respiro.

Así es cómo evalúo el arte de la música, y no creo que la sobrevalore. Al contrario, la estimo como se merece: como la mujer que le da sentido a mi existencia.

Con estas palabras quizás recuerden la legendaria concepción que Friedrich Nietzsche tenía de la música: “Sin la música, la vida sería un error”.

Dante Gobet cerró el cuaderno, pero no pudo dejar de pensar en la obviedad de la frase de Nietzsche.

Podría seguir esperando, pero ya no será necesario!

lunes, diciembre 15, 2008
Han sido tantos los años que he esperado con paciencia, que tres meses de víspera no son nada. Es poco contingente escribir sobre esto ahora, pero no lo hice antes porque no me sentía preparada. Aunque, de todos modos, no me atreveré a escribir nada aún, porque supongo que no es lo suficientemente "apropiado".

Más vale esperar hasta marzo.

(Re)cuerdos

domingo, diciembre 07, 2008
No tengo nada en la cabeza. Físicamente sí, pero no hay ideas dentro de ella. Tengo que escribir algo, pero sólo logro escribir acerca de lo que no se me ocurre escribir.

El papel es ilimitado, la tinta también lo es, pero mi mente está vacía y, peor aún, desorbitada. Pienso en algo que pueda inspirarme, mas sólo soy capaz de remontarme a mi pasado sutilmente cercano, a ése que preferiría no tener, no porque me condene, sino porque me aflige.

¿De qué sirve tener recuerdos si no ayudan a vivir el presente, ni menos a pensar en lo que vendrá? He oído decir que "sin pasado, no hay futuro", pero yo no encuentro que aquello tenga sentido. El pasado ya fue y por ello no significa que repercuta en el ahora. Si es así, es porque nosotros mismos hemos provocado al ayer para que conspire con el hoy.

Yo tengo muchos recuerdos en mi cabeza, no lo niego, pero en vez de ayudarme a resolver dudas e incertezas coyunturales, me desorbitan aún más, a la vez que me ingresan a una cuarta dimensión que preferiría no conocer, ni por ti, ni por mí ni por nadie.

Hacia allá es mejor

viernes, noviembre 28, 2008
Haz como que te encuentras al borde de un abismo que constituye un eco, y grita, como nunca antes lo has hecho, pero no olvides respirar. Remóntate a lo que pensó Jimi Hendrix las últimas horas de su vida y repara en qué se equivocó, qué percibió erróneamente. Si lo ignoras, descuida: no eres el único que no lo sabe. Jimi es todo un misterio, de pies a cabeza, vivo o muerto. Pero considera algo: Jimi fue real, existió, pisó este mundo. Algunos dicen que hasta el maldito día de hoy lo ronda, pero ése ya es otro tema. ¿Qué sabemos tú y yo de la experiencia? Nada, la nada absoluta. Así que atrevámonos y preguntémosle a ése, pero no a aquél, sino que a él, al tipo que está parado justo a nuestro lado, en silencio, pero intentando comunicarnos algo importante. Mas lo ignoramos, mientras pensamos lo impensable y deshacemos lo ya hecho. Destruímos y hacemos desaparecer a nuestra manera y conveniencia. Hemos sido intimidados y, desde luego, atrapados por el oportunismo.


- Hipócrita oportunista: no me infectes con tu veneno.
- No te preocupes, ya lo hice.

Walkie-talkie al revés

miércoles, noviembre 26, 2008
Álbum “Talkie Walkie” (2004) de Air

Es bueno, de vez en cuando, escuchar algo diferente. Y aunque este disco no es tan especial ni espectacular, y ni siquiera es comparable con la obra maestra “Moon Safari” (1998), al menos se escuchan unos Air más osados y con menos influencias de Jean Michel Jarre.

Siendo el cuarto disco del dúo francés Air —aquél que se hizo conocido en Hollywood gracias a que su canción Playground Love fue incluida en la película Vírgenes Suicidas— no es de extrañar la sutileza de los sonidos electrónicos que componen “Talkie Walkie” (2004), un álbum que pareciera ser conceptual, pero no por la letra de las canciones, sino que por la linealidad de los instrumentos que suenan en cada pista. Es por ello que no es recomendable escuchar sus canciones alternada o separadamente.

La introducción de Venus, el primer track, no es como la de una típica canción electrónica, sino que irrumpe con el sonido de un piano acompañado de una casi imperceptible guitarra acústica y el delicado sintetizador ya característico de Air.

“You could be from Venus”, canta Nicolas Godin con su estiloso acento francés. Se trata, indudablemente, de una canción de amor, de aquéllas que ya casi no se escuchan por estas latitudes y que sólo los franceses pueden escribir. En los tracks siguientes parece no cambiar la tónica de un chico cantándole a una chica, y Cherry Blossom Girl es mucho más fácil de digerir gracias a su carácter de bonita balada pop, sin discriminar las perillas y los teclados que generalmente identifican la música de estos europeos.

Y si de canciones para bandas sonoras se trata, Run no lo es, pero calzaría perfectamente en una película de terror de los años ’40. Con unas líricas que no se sacian de expresar la necesidad de escapar, este track es una suerte de quiebre entre Cherry Blossom Girl y Universal Traveler, la canción que le sigue. Ni siquiera se puede tratar de una transición. Es así de drástico: un quiebre en un disco presuntamente conceptual. Vaya contradicción.

Otro de los temas destacados es Surfing On A Rocket, que les sirvió como primer sencillo y es una de las pocas canciones que han escrito íntegramente en inglés. Un buen indicio de su aspiración al mercado anglo después de casi diez años de carrera cantada en francés.

Alpha Beta Gaga es una canción extremadamente buena para ir a mochilear o hacer una larga caminata. Y aunque es instrumental, transmite la sensación de eterno vigor, al ritmo de los silbidos de principio a fin de Bodin y Dunckel.

Así es como se mueve “Talkie Walkie”, como una música electrónica reflexiva, entre bellas pistas instrumentales y estrofas color rosa.